Glosario

Método ABC

Clasificación de Pareto aplicada a los stocks

El método ABC clasifica las referencias en tres grupos según su peso real en la actividad: una clase A poco numerosa pero determinante, una clase B intermedia y una clase C numerosa pero marginal. Es la aplicación del principio de Pareto a la gestión de stocks: una minoría de artículos produce la mayoría de los efectos.

Cómo establecer la clasificación

Primero se elige un criterio. El valor de consumo anual es el más extendido: cantidad consumida en el año multiplicada por el precio unitario. Pero nada obliga a limitarse a él: la frecuencia de salida, el volumen ocupado o la criticidad para la producción son a veces más pertinentes, y una clasificación cruzada con dos criterios evita contrasentidos costosos. Después se ordenan las referencias de forma decreciente, se acumula y se corta. Los umbrales habituales sitúan la clase A en torno al 80 % del valor para el 20 % de las referencias, la clase B en torno al 15 % para el 30 %, y la clase C en torno al 5 % para la mitad restante. Esas proporciones son referencias, no reglas. Lo que cuenta es el cambio de pendiente en la curva acumulada, no la fidelidad a porcentajes teóricos.

Qué hacer con cada clase

Los artículos A justifican un seguimiento estrecho: inventarios frecuentes, puntos de pedido calculados, relaciones con proveedores trabajadas, stock de seguridad ajustado con precisión. El esfuerzo de gestión es rentable porque el riesgo está concentrado. Los artículos B corresponden a una gestión estándar, con reglas automáticas y controles periódicos. Los artículos C no merecen tiempo: reaprovisionamiento sencillo, cantidades generosas, inventario espaciado. Dedicar la misma atención a un tornillo que a un componente crítico es un error clásico, y a menudo es en la clase C donde una empresa gasta más tiempo administrativo para obtener menos efecto.

La misma lógica, en el puesto de trabajo

La clasificación ABC no sirve sólo para el almacén. Trasladada al puesto se convierte en una regla de implantación inmediata: la clase A —lo que se usa en cada ciclo— va en la zona de alcance próxima, sin torsión ni desplazamiento. La clase B ocupa la zona media. La clase C va a la zona lejana, o fuera del puesto. Es la herramienta más rápida para juzgar un puesto existente. Si un operario se desplaza para coger una pieza que utiliza en cada ciclo, la clasificación no se respeta, y la corrección no suele costar más que mover una estantería.

No confundir con

  • El método ABC no es el Activity-Based Costing de la contabilidad analítica, que reparte costes indirectos por actividad. Mismas siglas, tema completamente distinto.
  • Tampoco es la ley de Pareto en sí: Pareto es la constatación estadística, la clasificación ABC es su explotación operativa.
  • Una clase A no es una clase «importante» en términos absolutos. Un tornillo de clase C puede parar una línea entera: la criticidad se gestiona aparte, y por eso suele hacer falta un segundo criterio.

Preguntas frecuentes

¿Qué umbrales usar para las clases A, B y C?
Las referencias habituales son 80 / 15 / 5 % del valor para 20 / 30 / 50 % de las referencias. Sólo valen como punto de partida: el corte correcto es aquel en el que la curva acumulada cambia claramente de pendiente en sus datos.
¿Con qué frecuencia rehacer la clasificación?
Una vez al año basta en un contexto estable, dos si la gama se mueve mucho. Un artículo que cambia de clase sin que nadie lo note genera o exceso de stock o rotura.
¿Se puede hacer un ABC sin software?
Sí. Una exportación de los consumos de doce meses y una hoja de cálculo bastan para una primera clasificación. La herramienta sólo es útil para actualizarla automáticamente después.

En la práctica, en el taller

En la implantación de un almacén, una clasificación ABC aplicada a la frecuencia de salida reduce de inmediato las distancias recorridas en picking. En un puesto, decide qué queda al alcance de la mano y qué no. En ambos casos la ganancia no viene de un equipo adicional: viene de reorganizar lo que ya existe.